La imagen que la semana pasada, en plenas vacaciones futbolísticas, más llamó la atención del barcelonismo fue la de Johan Cruyff jugando a golf con Guardiola en El Montanyà, cabe interpretar que a iniciativa e invitación del ex técnico holandés, cuya segunda residencia y habitual refugio vacacional y de fin de semana está fijada en la no menos conocida urbanización de El Montanyà, donde también Carles Rexach frecuenta su segunda residencia y donde el espacio Crackovia simula que ambos se encuentran a menudo para comentar la actualidad del FC Barcelona. En realidad, es una ficción como la andanzas de dos ex presidentes como Núñez y Gaspart, que en la vida real se evitan y prácticamente no se hablan.
El encuentro Johan-Pep se produjo el pasado miércoles. No llevaban ni tres hoyos disputados cuando fueron avistados por un grupo de periodistas, la mayoría especializados en deporte, que disputaban también en El Montanyà un torneo propio. Inevitablemente, la noticia y las imágenes corrieron como la pólvora encendida empezando por el twitter que el actor Jordi Rios envió al mundo después de fotografiarse con ambos en uno de los hoyos.
Lo más probable es que Johan estuviese al corriente del torneo que acogía su club de golf, entre otros motivos porque no pudieron salir a jugar desde el hoyo 1 como es lo normal sino que Pep y Johan empezaron por el hoy 9 para así no sufrir las consecuencias del habitual colapso producido por este tipo de competiciones. Dicho de otro modo, ambos sabían que su partido iba a dar que hablar y que tendría un fuerte impacto mediáticoy a Cruyff no le importó, al contrario, que su agradable matinal en compañía de Pep fuese retransmitida en directo por los medios desde el mediodía. Por su parte, el actual técnico azulgrana tampoco se opuso a las miradas de la prensa, convencido de que este tipo de apariciones refuerzan el apego, la estima y la excelente relación que siempre ha mantenido con ‘el maestro’ desde que le hizo debutar en el Barça hace veinte años. Sobra decir que Cruyff se había posicionado desde el hace un año contra la junta de Rosell, acusada por él falsamente de haberle desposeído de la presidencia de honor, y luego reiteradamente criticada en sus columnas de El Periódico.
Desde otro punto de vista, el de la estabilidad y correlación de fuerzas del entorno azulgrana, la imagen sugiere lo que muchos barcelonistas piensan de Guardiola, un personaje que no oculta sus relaciones preferenciales con personas como el ex azulgrana Luis Figo o con el propio ex presidente Joan Laporta, con el que ha sido visto cenando no hace mucho y al que suele dedicar regulares elogios y referencias como al propio Johan Cruyff. Un elenco de amistades que, ni peligrosas ni todo lo contrario, han contribuido a alimentar, sobre todo desde la campaña electoral que condujo a Sandro Rosell a la presidencia hace un año la sensación de que la nueva directiva le haría la vida imposible a Guardiola, un infundio que el propio lobby mediático guardiolista se encargó, como las candidaturas de Ingla, Ferrer y el propio Benedito de proyectar por todas las vías a su alcance.
Guardiola, que domina su presencia en todos los escenarios barcelonistas, nunca ha mostrado en público efusividad por Rosell, con quien sin embargo mantiene desde hace años una relación muy estrecha, primero a raíz de su fichaje por Nike y después porque fue Rosell quien fichó a su hermano Pere Guardiola para esa firma, donde Pere se hizo un gran cartel profesional antes de montar su actual negocio de representación de jugadores de la mano de Mediapro, una sociedad que se cuida entre otros de Villa, Iniesta, Thiago o Jon Toral, el cadete que ahora abandona el Barça para irse al Arsenal.
Por otro lado, tampoco Guardiola ha dado la menor muestra de sentirse a disgusto con la nueva directiva, más bien todo lo contrario, pero eso sí sin alardes mediáticos y con un extraordinario comedimiento y midiendo con adjetivos cicateros cualquier elogio hacia la junta, a cuyo presidente no dudó en fustigar por su intento de llamar la atención por una causa solidaria. En su valoración negativa de aquel hecho se extendió generosamente ante la prensa. 
Lo que no ha silenciado Guardiola, procedente de su entorno, ha sido ese ruido de fondo que continuamente expande la especie de que Guardiola y el equipo no están protegidos desde el club frente a todo tipo de situaciones deportivas y extradeportivas, como si estuvieran dejados de la mano de dios.
En cambio, quienes conocen de cerca todos los movimientos y esfuerzos que ha realizado la directiva de Rosell para complacer a Guardiola y al equipo, para darle todo lo que necesita, quiere y pide, juzgan como muy injusto el papel deliberadamente frío del técnico y sobre todo de enconamiento y permanente malestar con el que actúa algún personaje de su entorno más directivo y a suelo del club propagando y exagerando mediáticamente situaciones intrascendentes. Al final, nada que haya alterado el muy buen rollo en el que trabajan entrenador, secretario técnico y los dos directivos que tutelan la parcela futbolística, el propio presidente Sandro Rosell y el vicepresidente Josep Maria Bartomeu. Un buen rollo que Guardiola parece tener prohibido exhibir ni hacer público. Tampoco es trascendente.
En realidad, la gestión de la marcha de Ibrahimovic, complicadísima y ruinosa para el club y para los directivos, los fichajes de Mascherano, Adriano y Affelay, la frustrada operación de Ozil, un jugador que Pep pidió primero y desestimó después sin dar demasiadas explicaciones, la compleja y delicada renovación de Alves, ajustada al equilibrio que Guardiola quería en el equipo, la de Busquets, de Bojan, del cuidado de todos los detalles relacionados con el equipo, la defensa realizada en numerosas ocasiones del entrenador, frente a los ataques externos y sobre todo de Ibra y de su agente, la protección del equipo en el desastroso desplazamiento a Pamplona y un largo etcétera de situaciones delicadas resueltas por la directiva, como por otra parte es su primera misión, no han obtenido, casi nunca, una buena palabra del entrenador o al menos no más allá del cumplido más formal. Cierto que Guardiola no estaba obligado a hacerlo pero su relación interna de trabajo, positiva, y el grado de satisfacción profesional no se corresponde con la atmósfera de permanente disgusto y desencanto que destila el poderoso entorno del técnico, a menudo malhumorado, tenso y agresivo con todo aquello que emana de la junta.
Sirva de muestra el modo en que la venta de Chygrynskiy, ante un escenario de no poder pagar a los jugadores durante meses, fue asumida internamente como una solución correcta y absolutamente necesaria ante la urgencia de la situación. En cambio, Pep y los suyos no se mostraron, de cara a la galería, tan de acuerdo como cuando supieron que, en el momento que Rosell entró en el club, Laporta había dejado a deber a los cracks 100 millones € nada menos. Gracias al pago inmediato del Shakhtar Donetsk, del Manchester City por Touré Yaya y al crédito sindicado se superó aquel momento crítico sin que la plantilla alterara su tranquilidad.
Tampoco estaba obligado Guardiola a agradecerle a la junta su parte de trabajo en la conquista de los títulos, acaparando para el vestuario todo el éxito y el mérito de una temporada inolvidable. No estaba obligado y no lo hizo, del mismo modo que nada ni nadie puede impedirle apoyar a la Cruyff Foundation para que Johan recaude dinero, cenar cuando lo desee con Laporta o irse a jugar a golf con Cruyff cuando quiera y donde quiera. No esconderse es una forma sana y saludable de presumir de sus amigos.
Rodrigo Palacio, Eto’o, la porra solidaria y la presidencia
Guardiola tiene suficiente mano izquierda para lidiar con todos estos entornos y, llegado el caso, como en el verano de 2008, su primer verano en el primer equipo, negarle al ’maestro’ el capricho de traer, como insistía y quería, a Rodrigo Palacio, o tragarse el ‘engaño’ de Laporta que le prometió deshacerse también de Eto’o, además de Ronaldihno, Deco y Motta.
Ha sido y es evidente, sin embargo, que su entorno se sentía más cómodo con las locuras, los excesos, las extravagancias y la gestión descontrolada de Laporta que con el rigor y la austeridad de Rosell. Son dos formas de entender y vivir el Barça a las cuales Pep sabe adaptarse sin romper ninguna de sus amistades, sean peligrosas o no, y permanecer siempre y formalmente en el ámbito de la corrección. Sólo su conciencia sabe si en sus discursos y actuaciones mediáticas ha actuado en justicia y proporción al trato, la ayuda y la colaboración recibida de los dentro, de los de fuera y de su propia galaxia personal. Sí hay que reprocharle alguna actuación en este terreno sólo la falta de madurez exhibida en ese episodio de la porra solidaria cuando, pudiendo hacer de bombero y pudiendo apagar el fuego, hizo de pirómano y utilizó los medios para enseñar lo que el consideraba un trapo sucio para exhibirlo, algo sobre lo que probablemente después haya reflexionado. Sólo es un problema de edad y de madurez. Con el tiempo adquirirá esa altura que todavía no ha alcanzado para ser algún día presidente del Barça, como tantos barcelonistas postulan, y no cometer esos pequeños pecados de inexperiencia.
Publicado en Diari Gol (27-06-11)










